¿Hay otros mundos?
19 Octubre 2009

Seguro que han oido alguna vez aquella frase de: “hay otros mundos pero todos están dentro de este”. Esta paradoja no es obra de un iluminado sectario, ni tampoco de un friky televisivo. Se le ocurrió a un poeta vanguardista frances de entreguerras; un tal Paul Éluard, al que el tiempo le ha dado más razón que a un santo. Y eso que cuando se le ocurrió no existía internet, ni sabía lo que era un “avatar“
No se me impacienten que enseguida les explico a que viene esto: Como a veces me convierto en un personaje público sobre el que circula cierta información a lo largo y ancho de internet, tengo la sana costumbre de vez en cuando, de poner mi nombre en el “google” a ver que sale. Y en general, aparte de referencias a esta misma bitácora y otras reseñas a mi filmografia por distintos festivales, no suele venir mucho más.
Pero hete aquí que la semana pasada me llevé una sorpresa. Además de haber creado opinión crítica, de manera totalmente involuntaria, sobre un proyecto de un instituto audiovisual en Cuenca. Casí me da un soponcio cuando me entero por un periodico digital que voy a dar un curso de guión… ¡EN ARGENTINA!: pinchad aquí, que la noticia que no tiene desperdicio.
En un principio pensé que simplemente coincidiría mi nombre y apellido con el de otro buen señor al otro lado del charco. Pero resulta que las refencias cinematográficas que se daban en el cuerpo de la noticia eran mis dos primeros cortometrajes, por lo que no había forma humanamente posible de explicar tanta coincidencia. Reconozco que los dias siguientes los he pasado esperando una llamada telefónica en mitad de la noche (por aquello de la diferencia horaria) que dijera con marcado acento argentino:
- “Alo, está el ssseñor Julián de la Fuente, le shamo desde Buenos Aires por si querés dar un curso de guión acá“
También me acordé de aquel correo electrónico de coña que te reenviaba algún amigo despidiendose de tí, porque le habían ofrecido un trabajo en la Patagonia entrenando a un equipo de futbol femenino… Lo cual me hizo pensar que quizá era una broma que alguien pretendía gastarme. Al final he deducido que el periodista argentino que haya redactado esa noticia ha metido el nombre de su compatriota de manera apresurada en el “google” y sin tiempo para comprobar la nacionalidad ha extraido por error mi filmografía de la mayor base de datos sobre cine que existe en el mundo.
Aunque no vaya a pasar de una mera anecdota, todo esto me hace plantearme varias cosas: ¿Estaría dispuesto, si me lo ofrecieran, a viajar 12.000 kilómetros para dar un curso de cine? ¿Viven boca abajo en Argentina, por estar tan al final del globo terraqueo? ¿He podido ocasionar yo alguna vez algún disparate similar a este tocayo mio del Cono Sur? ¿Cómo llamaría a una persona que se llama como yo? ¿Cuantas veces habrán confundido también mi lugar de residencia en Guadalajara, España con la capital de Jalisco, Mexico? ¿Se expande el Universo? ¿Habrá un agujero negro que conecte en algún punto a años luz de la tierra a todas las personas que se llaman “Julián de la Fuente”? ¿Se parecerán todos a mí o yo a ellos?…
Si alguien tiene alguna respuesta a estas preguntas… ¡Ponerlas en los comentarios! Gracias.
Pacharán “Iturriaren”
18 Agosto 2009

El endrino o arañón, cómo tambien se le conoce en el norte. Arbusto arbóreo del que se sacan las endrinas o pacharanes.
Será cosa de la edad o que me estoy haciendo mayor. Pero he tenido un capricho tonto; de esos que les dán a los que se ponen a customizar una teja para que parezca una casa o los que cortan los arbustos del chalet con formas de animales. Bueno, no sé si lo mio es para tanto porque al fin y al cabo lo único que me he propuesto es hacer pacharán casero.
El caso es que viene de familia. Ya les he hablado alguna vez de mi madre “esa gallega entrañable“; pues bien, aparte de insigne repostera es una auténtica fabricante de espirituosos. Cada vez que va a Galicia, se vuelve con varios hectómetros de aguardiente casero; de ese que se embotella en los envases vacios de la gaseosa y podría confundirse tranquilamente con agua, al no llevar la pegatina de líquido inflamable.
Entonces, cuando llega a Guadalajara, saca su faceta de “meiga” y lo mezcla con tomillo, moras o simplemente café; creando deliciosos licores que se acumulan en el fondo del mueble bar esperando a que algún incauto sonria amablemente mientras acepta tomar “una copita” despues de alguna copiosa comida.
Yo, por mi parte, me declaro un enamorado del pacharán como digestivo y complemento a una buena sobremesa. Los he probado de todos los tipos, colores y sabores; todos hechos con anís y endrinas, pero todos diferentes. Y hete aquí que seducido por la alquimia, la recolección de productos silvestres y la cocina en general me he dispuesto a crear mi propio pacharán.
Cómo vengo del mundo de la comunicación y la imagen, lo primero que se me ha ocurrido es ponerle un nombre que identifique perfectamente el producto con su productor. “Pacharán el Alcarreño” me resultaba un poco paleto. “Pacharán 1982″ parece que es añejo y yo quiero hacer una bebida joven. “Pacharán de la Fuente” es perfecto, pero queda un poco egocéntrico ¿no?. Así que cómo al fin y al cabo el Pacharán es una bebida de origen vascuence, he decidido traducir mi apellido al euskera y queda tal cual : “Pacharán Iturriaren”.
Buen nombre, si señor. Tiene fuerza, carisma y sobre todo raigambre. Je, je, je. Ya tengo comprada la garrafa de tres litros de anis dulce. También he estado investigando alguno de los ingredientes secretos que se emplean en pequeñas cantidades para matizar el sabor; café, canela, naranja, manzanilla… Supongo que me llevará varios años dar con la formula perfecta. Pero no hay problema, tengo toda la vida por delante. Solo necesito una cosa, un detalle sin importancia:
¡¡¡¿Alguien sabe dónde demonios
hay endrinas en Guadalajara?!!!
FESCIRECUEN
24 Julio 2009
Este fin de semana… todos a El Recuenco.
El cuadro y la comunidad (II)
15 Mayo 2009

- Yo creo que si le pongo las ovejas en photoshop nadie se dará cuenta
Pd: No traten de comerse un melón sin pelar, ni entender el siguiente relato sin haber leido la primera parte:
Evidentemente tenía cosas más importantes que hacer, pero por culpa de mi excesiva sociabilidad no dudé un instante en acompañar a mi vecina y varias señoras más en la ardua tarea de elegir el nuevo motivo que adornaría a partir de ahora el portal.
En la tienda en cuestión quedaban los saldos propios de cualquier liquidación y por tamaño las dos únicas alternativas eran dos cuadros abstractos, muy feos y carentes de cualquier tipo de sentido artístico. Pero ya era demasiado tarde. Al resto de vecinas les había entusiasmado la viveza de colores del primero y la sinuosidad de formas del segundo; por lo que no tardaron en convencer al dueño de la tienda de que vivíamos en frente y nos llevábamos los cuadros para ver que tal quedaban en el portal y así tomar una decisión con propiedad.
Durante las dos horas siguientes me dediqué a sostener los cuadros en la pared para que cada una de las vecinas pudiera dar su veredicto al respecto. No suficiente con ello, ningún transeunte que salía o entraba en el portal durante ese lapso de tiempo se libró de tener que dar su opinión sobre cual de los dos cuadros pegaba más con el blanco de la jardinera, el mostaza de la pared o el marrón del banco. Lo peor es que la opinión de los allí reunidos oscilaba cada cinco minutos sin ningún tipo de convicción ni criterio, creando situaciones cómicas a la par que surrealista con comentarios del tipo:
- “yo es que aquel me gusta de lejos y este más de cerca”
- “ ¿y si ponemos los dos?”
- “habría que elegir uno que no destacara demasiado no sea que se lo vuelvan a llevar…”
Supongo que si lo hubiera pensado un poco, no se me habría ocurrido a mi añadir; que si eso, cómo no parecía que los cuadros convencieran demasiado y yo, aunque fuese aficionado pintaba algo, quizá con un poco de tiempo podría hacer algún cuadro para ponerlo.
El rostro de todas las vecinas se iluminó cómo si fuese el hijo que toda madre habría querido tener. Se hizo el silencio mientras toda la comunidad meditaba mi propuesta. Una de ellas se atrevió a preguntar que si estaba dispuesto a hacerlo gratis y otra más añadió que no le importaría tener un cuadro mío en su casa. Ahora entiendo perfectamente a los que deciden irse a vivir a un chalet.
El de la tienda nos miró un poco raro cuando le devolvimos los cuadros tres horas después, sin la menor intención de comprarlos. Justo cuando nos despedíamos al caer la tarde, el presidente de la comunidad se me acercó y me dijo “no sabes en que lío te has metido, ya verás cómo da igual lo que pintes que seguro que a alguno no le gusta y la mayoría ni te lo agradece”. Pues eso, que igual me voy a Jadraque le hago una foto al Castillo, le pongo las ovejas con el photoshop y “sanseacabó”.
El cuadro y la comunidad (I)
11 Mayo 2009

lo que me dá por hacer cuando me dejan unos pinceles cerca
Desde que tengo uso de razón, recuerdo perfectamente que en el portal de mi casa siempre ha habido dos jardineras con varios ficus, un banco de madera y una enorme fotografía en sepia con la bucólica estampa de un rebaño de ovejas al pie del Castillo del Cid en Jadraque (Guadalajara). El porqué de esta “vanguardista” decoración, que se ha mantenido hasta bien entrado el nuevo milenio, no lo conoce ninguno de los miembros de la comunidad de vecinos, pues al parecer todos se lo habían encontrado así cuando entraron a vivir. Aunque visto desde fuera parezca un tanto cutre y carpetovetónico, a fuerza de pasar la vista diariamente por el cuadro de las ovejas a mí se me convirtió en algo familiar, incluso entrañable. Cómo ese osito de peluche que tanto me costó desterrar de mi cuarto, cuando ya empezaba a compartir espacio con carteles de Siniestro Total.
Bueno, el caso es que a las ovejitas les llegó su fin hace un par de años cuando se decidió, en una de esas maratonianas reunión de la comunidad de vecinos, cambiar el ascensor y (ya que nos poníamos) la puerta de la entrada, las luces de la escalera, pintar las paredes y poner extintores en cada rellano (esto último era en realidad lo único que hacía falta hacer por normativa). El problema se planteó a la hora de cambiar la decoración del portal, ya que se le quería dar un aire moderno manteniendo la armonía tradicional del edificio. Solución: se quedaron en situación inmutable los ficus y el banco labrado en madera, optándose por sustituir el cuadro del Castillo de Jadraque por otro de pintura abstracta, de esos que venden en las tiendas de decoración casi al peso.
Quizá un poco contrariados los primeros días por el eclecticismo del cambio, finalmente la rutina volvió a provocar que toda la comunidad de vecinos nos acostumbrásemos a esa composición de círculos concéntricos de color blanco y naranja que tanto llamaba la atención desde la entrada del portal, despertando la admiración de todos los transeúntes que pasaban junto a la puerta. A uno de ellos en concreto le debió llamar excepcionalmente la atención, porque no dudó en volver de madrugada con un destornillador y tras hallar la puerta abierta, entrar en el portal, desmontar el cuadro y llevárselo a su casa donde poder admirarlo sin necesitar de pasar frente a nuestro bloque.
Al día siguiente la consternación en la comunidad era evidente. Hubo incluso reproches hacia los que habían defendido modernizar la decoración del portal. Aquella noche todos soñamos con las ovejitas de Jadraque y volvimos a echarlas de menos. Pero la fuerza de la costumbre fue el remedio infalible para que durante los últimos dieciocho meses a ningún vecino le pareciera mal que nuestro portal estuviera decorado por el banco, los ficus, y cuatro alcayatas en la pared que sostenían el cuadro. Hasta que el jueves de la semana pasada, mi vecina Rosa me llama al timbre de casa y me dice que están liquidando la tienda de decoración que hay en la esquina y que baje para ayudarla a elegir otro cuadro para poner en el portal… (continuara)
“Sexpeare” o de por qué me gusta el teatro
7 Abril 2009
El otro día me quedé a ver un rato la gala de los premios Max por la tele. Para los que no los conozcais, son algo así como los Goya del teatro español. Recientemente también se ha celebrado el certamen nacional Arcipreste de Hita que lleva más de treinta años trayendo a Guadalajara una selección de los mejores montajes de la escena actual.
Aunque parezca que mi absoluta vocación es el cine, los que me conocen saben bien de la oculta pasión que siento por el teatro. Siendo apenas un niño participaba en todas las obras que hacíamos en el colegio, algunas escritas de mi puño y letra cómo “Navios”. Con apenas dieciocho años me presenté a las pruebas de la RESAD, en la que estuve a punto de ingresar si no hubiera sido por un pequeño defecto de dicción que me impedía pronunciar la erre. No dudé en pasar por el quirófano y por el logopeda despues, para corregir el problema que me separaba del mundo de la interpretación. Sin embargo para entonces cambiaron mis inquietudes y decidí que prefería dedicarme al cine. De todo aquello guardo un entrañable recuerdo, un profundo respeto hacia la profesión de actor y una bonita afición que no dudo en poner en práctica en cuanto tengo oportunidad.
El caso es que el otro día en la gala de los Max apareció el grupo “Sexpeare” a los cuales conocí a través del Certamen del Arcipreste y de los cuales me reconozco absoluto forofo. Si no conoceis todavía a Santi Molero y Rulo Pardo, mi recomendación es que corrais al teatro Alfil para ver alguno de sus montajes, que reestrenan periódicamente: “H, el pequeño niño obeso quiere ser cineasta“, “Que pelo mas guay” o “For sale” son algunas muestras de teatro fresco, hilarante, sin complejos; jugando con la complicidad del público y sobre todo transmitiendo el buen rollo que se siente encima de un escenario
British sense of humor
24 Marzo 2009
El pasado post de “Paquito the chocolaterman” era todo un homenaje, a lo que reconozco que es una de las mejores tradiciones humorísticas de todo el mundo. El británico siempre se ha caracterizado por su sentido del humor, no sé muy bien si entre distinguido e irónico. El caso es que sin meterse con nadie es capaz de hacer reir hasta al más pintado. Buena prueba son estas dos magníficas series de las cuales extraigo dos momentos gloriosos:
Paquito “the chocolaterman”
8 Marzo 2009
Hace unos años viajé a Londres. Recorrí durante una semana la capital británica con la única compañía de mi cámara. Como buen turista acudí a presenciar el famoso cambio de guardía en el palacio de Buckingham. Esperaba contemplar un fastuoso desfile militar, de ortodoxia castrense y disciplina marcial. Me quedé a cuadros cuando la banda de música empezó a tocar el “Paquito Chocolatero”…
Ja, ja, ja, ja, ja…
Vale, me habeis pillado. Es un fake. ¿Os ha gustado?, ¿a que está bien hecho? ¿no?.
Reconozco que no he sido el primero al que se le ha ocurrido hacer algo parecido. Es increible el efecto cómico que generalmente produce disociar audio y video. El otro día mi amigo Marki me envió un video al respecto, todavía mas “heavy”. Beyonce y el flamenco pop, una mezcla no apta para cardiacos. Un consejo, no lo intenten en casa.
ARCO, mamá y los Principes de Asturias (yII)
28 Febrero 2009

- “Gris con dos formas” (Antoni Tàpies, 1960)
¿Dónde estaba mamá?. Miré en todas direcciones tratando de identificar su inconfundible flequillo blanco entre la multitud. Temí que se encontrara desorientada entre bizarras obras de arte contemporaneo. Pero no. No pude evitar despistar mi preocupación con la atención a los Principes que esos momentos pasaban a escasos diez metros de mí. Y allí estaba mi madre. Sin saber cómo, había permanecido inmutable a la embestida de los guardaespaldas y se hallaba en mitad del pasillo despejado para el paso de sus altezas reales. Creo que no se dió cuenta de nada hasta que la Princesa Letizia se acercó a ella y le saludó con esa mezcla de altivez y confianza que tan bién transmiten las monarquías modernas. Mi madre tan sólo acertó a mover la mano en gesto de saludo, mientras volvía a ser devorada por una comitiva de periodistas y curiosos. En cuando pude volver a su lado le pregunté por lo que le había dicho la futura reina y sin apenas mostar interés me dijo que no se había enterado muy bien. Cada vez entiendo mejor eso de que “si te encuentras a un gallego en una escalera no sabes si sube o baja”.
El resto de la jornada fue una agradable visita que tan pronto despertaba muestras de admiración cómo desconcierto frente a las obras expuestas. Yo particulamente quedé encantado con dos galerías; Gana Art y Espacio Mínimo. Pero antes de marcharnos todavía hubo tiempo para otro de esos momentos impagables en uno de las galerías más prestigiosas de toda la feria:
Mamá y yo delante de un “Tapies” cómo el de la imagen que ilustra esta entrada. Una amable señorita que debió confundirnos con miembros de la jet set se nos ofreció para atendernos con total diligencia. Yo intenté disuadirla de nuestra capacidad de compra, pero mi madre no pudo evitar querer saciar la curiosidad de cuanto podía llegar a pedirse por cuatro manchas de colores sobre un lienzo. “Este en concreto tiene un precio de 300.000 euros” nos dijo la azafata sin pestañear. A mamá le entró la risa floja , yo puse cara de poquer e intenté por todos los medios que no perdieramos la compostura. Demasiado tarde. El gesto de desdén por parte de la galerista se hizo evidente cuando mi madre, casí a carcajadas y con lágrimas en los ojos me dijo al oido. “Julián, el año que viene vamos a traer una puerta de esas que hay en el pueblo, la pintamos y ya verás el dinero que le sacamos”. Lo que os digo, mi madre es única.
ARCO, mamá y los Principes de Asturias. (I)
25 Febrero 2009
Por primera vez y sin que sirva de precedente os voy a hablar de mi madre: Es una gallega entrañable, enfermera jubilada con increibles dotes para la repostería y abnegada afición al punto de cruz. No crean, es una mujer de su tiempo; va a natación, hace tai-chí, aunque lo que más admiro es que sea capaz de ver la tele y escuchar la radio al mismo tiempo. Siempre me ha fascinado la virtud en las mujeres para hacer dos cosas a la vez, algo de lo que me reconozco completamente incapaz.
Para los que no tengan la opotunidad de conocer personalmente a mi madre os dejo un video de una sensacional campaña publicitaria que bien podría haber protagonizado ella, cómo la historia que a continuación os voy a relatar.
Bueno, el caso es que hace poco vinieron unos amigos suyos de visita a Madrid para visitar la feria de arte contemporaneo, ARCO. (Introduzco aquí un pequeño dato para predisponer al lector a una interpretación cómica de lo que voy a relatar: mi madre valora las artes plásticas por el grado de realismo con el que sean capaces de retratar paisajes y figuras humanas). Reconozco que fue la curiosidad y sobre todo la visión de mi madre intentando discernir si el extintor anclado a la pared formaba parte tambien de la exposición, lo que me decidió finalmente a acompañarles.
Teníamos invitaciones para la inauguración y teniendo en cuenta que la entrada ordinaria eran treinta euros, preferimos no desaprovecharlas a pesar de que la asistencia a la misma de los Principes de Asturias nos iba a complicar sensiblemente la visita. Efectivamente, al poco de llegar vimos cómo una marabunta de gente se arremolinaba frente a una galería de la que salían despedidos numerosos flashes fotográficos. Cómo si se tratara de un tornado que acabara de tomar tierra, aquel remolino de gente giró inesperadamente hacia dónde nos encontrábamos, intentado discernir qué podría despertar tal admiración. Varios señores trajeados con una insignia real en la solapa y un volumen muscular notablemente superior al mío me placaron, obligandome de buenas maneras a retroceder varios metros. Entonces pude ver a los Principes de Asturias dirigiéndose hacia la salida del recinto por el pasillo por el que nosotros habíamos comenzado la visita. Le quise comentar a mi madre la curiosa coincidencia, pero entonces reparé que mi madre no seguía a mi lado. ¿Donde estaba?
Tendran que esperar a la segunda parte de esta entrada para descubrirlo, pero antes no se vayan sin participar en la primera encuesta que he preparado: